MONTEVIDEO, Uruguay. — Con una tasa de 19,16 muertes por cada 100.000 habitantes, Uruguay se posiciona como el país con la mayor incidencia de suicidios en América Latina, superado en el continente únicamente por Guyana y Surinam, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). En 2025, el país registró 668 muertes por esta causa, de las cuales el 79% fueron hombres y el 21% mujeres.
La problemática afecta de manera diferenciada a la población: mientras que los hombres mayores de 80 años representan el grupo con mayor mortalidad, los intentos de suicidio son más frecuentes entre adolescentes de 15 a 19 años, mayoritariamente mujeres. La ministra de Salud, Cristina Lustemberg, ha expresado especial preocupación por el grupo etario de 10 a 14 años, subrayando que detrás de cada cifra existe una trayectoria vital interrumpida.
Para abordar esta crisis, el Instituto Nacional de la Juventud (INJU), junto al Ministerio de Salud Pública (MSP) y Unicef, impulsa el programa "Ni Silencio Ni Tabú". Esta iniciativa busca ofrecer espacios de contención y promoción de la salud mental, como los talleres de maquillaje artístico a los que asiste Yamila Durán, una joven de 18 años que encontró en estos vínculos una herramienta fundamental para su recuperación tras abandonar la secundaria por dos años.
Los especialistas identifican cinco factores clave en esta crisis:
1. La soledad: Un estudio para el MSP reveló que el 24% de la población uruguaya se encuentra en el nivel más alto del índice de soledad, una cifra que duplica el promedio mundial.
2. El silencio: Persiste un estigma que dificulta la búsqueda de ayuda. Entre 2012 y 2019, el suicidio fue la principal causa de muerte violenta en el país, superando a los homicidios y accidentes de tránsito.
3. Acceso a especialistas: Aunque la salud mental es reconocida como un derecho, persisten brechas en la atención, especialmente en el interior del país, donde la disponibilidad de psiquiatras en el sistema público es limitada.
4. Relaciones violentas: La violencia psicológica y el abuso sexual infantil —que afecta al 30% de las mujeres jóvenes frente al 9% de los varones, según Unicef— son factores de riesgo críticos, exacerbados por la pobreza y la precariedad laboral.
5. Futuro incierto: La falta de horizontes claros y estabilidad económica contribuye a una sensación de estancamiento que afecta la salud mental de la población.
Las autoridades han enfatizado que, aunque se registró una leve disminución en las cifras el año pasado, es prematuro hablar de un cambio de tendencia. El objetivo actual es fortalecer la red de asistencia y fomentar conversaciones que permitan a las personas no enfrentar sus angustias en soledad.


