La cafeína se ha consolidado como la sustancia psicoactiva más consumida a nivel global, con más de 2,000 millones de tazas de café ingeridas diariamente. Aunque su función principal es enmascarar la sensación de cansancio al bloquear la adenosina —una sustancia química cerebral que induce el sueño—, sus efectos varían drásticamente entre individuos.
Según la doctora Marilyn Cornelis, profesora asociada de Nutrición en la Universidad Northwestern de Chicago, el factor determinante es el tiempo que la cafeína permanece en el organismo. Una vez absorbida, el hígado se encarga de metabolizarla mediante una enzima, un proceso que puede oscilar entre seis y veinte horas. La rapidez de esta depuración está ligada al gen CYP1A2, el cual, según estudios recientes, muestra variaciones según la ascendencia genética, siendo los europeos y sudamericanos quienes tienden a metabolizarla con mayor celeridad.
El estilo de vida también juega un papel crucial. Fumar acelera el proceso de descomposición de la cafeína en el hígado hasta en un 65%, lo que explica por qué los fumadores suelen consumir más café. Por el contrario, el uso de anticonceptivos, ciertos antibióticos y el embarazo pueden ralentizar este metabolismo, prolongando los efectos estimulantes. Asimismo, la tolerancia juega un rol importante: los consumidores habituales adaptan su cerebro a la sustancia, mientras que quienes hacen pausas prolongadas experimentan una sensibilidad inusualmente alta al retomar su consumo.
En cuanto a las recomendaciones de salud, la psicóloga y especialista en sueño, Lindsay Browning, sugiere evitar la cafeína después de las 2 de la tarde para quienes duermen a las 10 de la noche, aunque subraya que no existe una regla universal. Por su parte, el Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido recomienda a mujeres embarazadas limitar su ingesta a menos de 200 mg diarios para evitar complicaciones. Peter Rogers, profesor emérito de Nutrición de la Universidad de Bristol, concluye que la cafeína es relativamente segura y que el consumo moderado se ha asociado, en diversas investigaciones, con menores riesgos de padecer enfermedades importantes y una posible mayor longevidad.


