Moscú. El Kremlin reaccionó con firmeza ante la aprobación de la Ley de Lindsey O. Graham de Sanciones a Rusia e Irán de 2026, calificándola como una "medida hostil" que impactará negativamente en cualquier intento de solución diplomática para la guerra en Ucrania. Dimitri Peskov, portavoz de la presidencia rusa, señaló que la normativa, que faculta al presidente Donald Trump para aplicar aranceles de hasta 100% a países importadores de hidrocarburos rusos, representa una herramienta de presión directa contra socios comerciales clave como China e India.
La ley también contempla penalizaciones contra funcionarios, instituciones bancarias y sectores estratégicos, además de apuntar a la denominada "flota fantasma" utilizada por Moscú para evadir las restricciones marítimas a sus exportaciones de petróleo y gas. A pesar de los anuncios previos de Trump sobre una posible moratoria en ataques a instalaciones energéticas, la tensión persiste: Rusia ejecutó ayer un ataque masivo con misiles y drones contra Kiev, Zaporiyia y Odesa, mientras que Ucrania respondió impactando con drones la refinería de Yaroslavl, vital para el suministro de combustible en la región de Moscú.
En el plano diplomático, el canciller ucraniano, Andrii Sybiha, informó que el presidente Volodymir Zelensky planea reunirse con Trump durante la Asamblea General de la ONU para discutir la propuesta de moratoria, la cual incluiría también la protección de embarcaciones en los mares Negro y de Azov. Mientras tanto, en el frente de batalla, los analistas observan que la campaña rusa para controlar Donietsk ha tenido resultados limitados, con las tropas ucranianas consolidando fortificaciones en el eje de Kostiantynivka, Druzhkivka, Kramatorsk, Sloviansk y Liman. Ante este escenario, el Estado Mayor ruso estaría acumulando misiles balísticos con el objetivo de intensificar los ataques contra la infraestructura eléctrica y de calefacción ucraniana durante el próximo invierno.


