TOKIO, Japón. — En medio del bullicio de rascacielos, tiendas de lujo y restaurantes con estrellas Michelin en el barrio de Ginza, se encuentra Konparu-yu, un sento o baño público japonés que ha operado durante 163 años. Este establecimiento, marcado por una linterna tradicional y una cortina noren de color índigo, representa una tradición de 1,200 años que surgió en el siglo VIII con la expansión del budismo, consolidándose durante el periodo Edo (1603-1868) como un espacio de igualdad social.
El investigador de la cultura de los baños japoneses, Shinobu Machida, explica que estos lugares permitían que personas de distintas clases sociales, desde samuráis hasta trabajadores, convivieran bajo el concepto de hadaka no tsukiai o "amistad desnuda". Al despojarse de sus pertenencias y estatus, los usuarios se igualan en el vapor de las aguas. El edificio actual de Konparu-yu fue reconstruido en 1957, tras haber sido destruido durante los bombardeos incendiarios de marzo de 1945 en la Segunda Guerra Mundial.
El interior del recinto conserva elementos clásicos como el bandai (mostrador elevado de madera), taquillas de madera y murales pintados a mano que representan el monte Fuji, una característica que, según Machida, busca transformar un acto cotidiano en una experiencia extraordinaria. Akihiro Fujimoto, un visitante frecuente, destaca que el lugar mantiene su esencia original, con aguas a 43°C y un ambiente que preserva el espíritu de décadas pasadas.
Aunque el número de sentos ha disminuido debido a la modernización de las viviendas, Konparu-yu sigue siendo un punto de encuentro para locales como Kaho Nagashima, quien lo considera su "segundo hogar" para desconectar del día a día. Por su parte, la periodista Emiko Yodogawa señala que el costo de acceso, de unos pocos cientos de yenes (aproximadamente US$3.40), permite disfrutar de este "oasis en la ciudad" en una de las zonas más costosas de Tokio.


