El 11 de septiembre de 2001, la tranquilidad de la mañana se rompió con una llamada telefónica que marcaría el inicio de una tragedia global. Betty Ong, una azafata de 45 años con más de una década de experiencia en la industria, se comunicó con la base de operaciones de American Airlines para reportar una situación crítica a bordo del vuelo 11, que cubría la ruta de Boston a Los Ángeles.
"La cabina no responde. Alguien fue apuñalado en clase ejecutiva y creo que han echado un gas porque no podemos respirar. No lo sé. Me parece que nos están secuestrando", fueron las palabras de Ong cerca de las 8:20 AM. Nydia Gonzalez, jefa de operaciones de la aerolínea, mantuvo una comunicación constante con la azafata durante más de 20 minutos, intentando obtener detalles precisos mientras el avión se desviaba de su curso original hacia Nueva York.
Durante la llamada, Ong mantuvo una notable entereza, informando que los atacantes habían tomado el control de la cabina y que el piloto también habría sido apuñalado. Gracias a su reporte, las autoridades pudieron identificar que los secuestradores, entre ellos Mohammad Atta, ocupaban los asientos 2A y 2B. Poco antes de que la señal se perdiera, Ong pronunció sus últimas palabras: "Recen por nosotros".
La labor de Betty Ong fue fundamental para la investigación posterior de la comisión del 11-S. Su hermano, Harry Ong Jr., ha mantenido vivo su legado a través de una fundación en el barrio chino de San Francisco, ciudad natal de la azafata. Betty, quien se encontraba en ese vuelo para obtener ingresos extra para un viaje a Hawái, es recordada por su familia y por la historia como una figura que, en medio del caos, actuó con valentía para alertar sobre el peligro inminente.


