LONDRES, Reino Unido. — El Tapiz de Bayeux, una pieza maestra confeccionada en la década de 1070, regresa a Inglaterra para ser exhibida en el Museo Británico. Esta obra, que detalla la conquista normanda y culmina con la muerte del rey Harold II en la Batalla de Hastings, es descrita por expertos como una representación medieval de la "manosfera", un entorno donde la virilidad y el poder masculino dominan la narrativa política y social.
El doctor Christopher Monk, historiador cultural de la Inglaterra medieval, señala que la obra está "empapada de testosterona", con un tercio de los hombres representados portando armas o realizando labores físicas intensas. La virilidad en el tapiz se vincula directamente con el poder; en 2018, el profesor George Garnett de la Universidad de Oxford identificó 93 penes en la obra, 88 de ellos pertenecientes a caballos y cinco a hombres, sugiriendo que el tamaño de estos atributos en los equinos simbolizaba la potencia de sus dueños, como el semental de Guillermo, duque de Normandía.
Aunque las mujeres tienen una presencia limitada, su papel es fundamental en la estructura de la obra. La doctora Emily Joan Ward, de la Universidad de Edimburgo, explica que la narrativa se centra en la acción militar, un ámbito tradicionalmente masculino. No obstante, figuras como la reina Edith y la misteriosa Aelfgyva aparecen en momentos clave. Sobre esta última, el doctor David Musgrove sugiere que la escena donde un sacerdote intenta tocar su rostro podría interpretarse como un "momento Me Too medieval".
El patrocinio de la obra se atribuye a Odo de Bayeux, medio hermano de Guillermo, quien buscaba legitimar el gobierno normando. A pesar de que el diseño fue probablemente dictado por hombres, los historiadores no descartan que las bordadoras —mujeres cuya labor fue esencial— hayan tenido libertad creativa para incluir comentarios críticos en los márgenes. En 1885, la Leek Embroidery Society creó una réplica donde se eliminaron los genitales explícitos y se añadieron los nombres de las bordadoras, reivindicando así la autoría femenina que la historia original omitió.


