CIUDAD DE MÉXICO. — El historiador José M. Murià ha puesto de relieve la trascendencia del exilio republicano ibérico en México, un fenómeno que comenzó a mediados de 1938 y que transformó la demografía y la vida social del país. Murià, quien se identifica como el primer mexicano de su familia, enfatiza que México fue el destino principal de estos refugiados, albergando a más personas que el resto de los países de América en conjunto. Mientras que en España se suele citar una cifra de entre 10 y 15 mil refugiados, Murià sostiene que la cifra mínima real debe situarse en torno a los 50 mil.
El relato histórico incluye la participación de casi 500 mexicanos en las Brigadas Internacionales, de los cuales cerca de 400 perdieron la vida, incluyendo a tres estudiantes de la Universidad de Guadalajara fusilados en El Ferrol. Asimismo, se destaca la acogida de 456 niños en Morelia y el respaldo diplomático de intelectuales mexicanos en la Sociedad de Naciones.
Un punto crítico mencionado es el acuerdo entre el gobierno de Pétain y los representantes de México, ratificado por Alemania e Italia, que protegió a unas 100 mil personas al declararlas "en tránsito hacia México" bajo la bandera nacional. En este contexto, el cónsul Gilberto Bosques desempeñó un papel fundamental desde Marsella, creando residencias de acogida, campos para niños y escondites, además de documentar a miles de perseguidos, incluidos ciudadanos judíos. Por su parte, el embajador Luis I. Rodríguez logró salvar la vida de Juan Negrín López, Jefe de Gobierno, y evitó el secuestro del presidente Manuel Azaña.