El panorama editorial mexicano ha experimentado cambios significativos, marcados recientemente por el cierre de Ediciones Era a mediados de agosto y la conmemoración del 92 aniversario del Fondo de Cultura Económica (FCE) el pasado 3 de septiembre. Mientras que el FCE se ha reconfigurado como una entidad estatal, Era se consolidó como un proyecto independiente, ajeno tanto al Estado como a los monopolios internacionales.
Durante la década de 1960, el FCE, bajo la dirección de Arnaldo Orfila, funcionó como un canal clave para el pensamiento de izquierda. La destitución de Orfila tras la publicación de 'Los hijos de Sánchez', de Oscar Lewis, derivó en la creación de Siglo XXI Editores en 1965. A este ecosistema se sumaron otras casas como Grijalbo y Nuestro Tiempo, impulsadas por el contexto de la Guerra Fría, la Revolución Cubana, el movimiento estudiantil de 1968 y el auge de los movimientos guerrilleros.
Cada editorial desarrolló una identidad propia. Era se enfocó en el marxismo heterodoxo y occidental, destacando obras de Antonio Gramsci y la colección 'Problemas de México' con autores como Pablo González Casanova y Arnaldo Córdova. Grijalbo, por su parte, difundió manuales soviéticos y obras de Marx, Engels, Stalin, Trotski, Rosa de Luxemburgo y György Lukács. Nuestro Tiempo, liderada por Alonso Aguilar Monteverde, publicó textos de economía, filosofía marxista y obras de Eduardo Galeano como 'Guatemala, país ocupado' (1967) y 'Violencia y enajenación' (1971), además del éxito editorial 'Para comprender la historia' de Juan Brom.
Siglo XXI se distinguió por integrar el pensamiento crítico no socialista, incluyendo a autores como Michel Foucault y Roland Barthes, junto a obras fundamentales de El capital, Louis Althusser y Marta Harnecker. Estas editoriales comerciales lograron subsistir gracias a una simbiosis con sus lectores, quienes buscaban formación política sobre los acontecimientos en Vietnam, China, la URSS, Cuba y México.
Paralelamente, existieron editoriales militantes como el Fondo de Cultura Popular (FCP) del Partido Comunista Mexicano, activo de 1941 a 1971, cuando pasó a llamarse Ediciones de Cultura Popular (ECP). Estas casas priorizaban la labor política sobre la rentabilidad, publicando resoluciones y documentos partidarios para fomentar la unidad ideológica, una práctica que también adoptaron grupos maoístas y trotskistas.


