SANTIAGO, Chile. — El 11 de septiembre de 1973, mientras las fuerzas armadas chilenas ejecutaban el golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende, el capitán Jorge Silva Ortiz, oficial de Contrainteligencia de la Fuerza Aérea, tomó una decisión que marcaría el resto de su vida. Destinado en la Escuela de Especialidades de la Base Aérea El Bosque, Silva se negó a participar en la represión y, en su lugar, utilizó su posición para salvar a los estudiantes Fernando Villagrán y Felipe Agüero, quienes habían sido detenidos el 16 de septiembre en La Legua y estaban destinados a ser fusilados esa misma noche.
Al descubrir que los jóvenes serían ejecutados en el "hangar rojo" de la base, Silva ordenó a un suboficial trasladarlos al Estadio Nacional, salvándoles la vida. Este acto de humanidad, que el propio Villagrán describió como "me iban a ejecutar y él me salvó", se convirtió en el eje central de la película Hangar rojo, dirigida por Juan Pablo Sallato. El capitán, quien ya había demostrado su postura constitucionalista en 1970 al alertar sobre un complot para asesinar a Allende, fue detenido el 9 de octubre de 1973 por sus propios compañeros de armas.
Tras ser torturado en la Academia de Guerra Aérea, Silva fue trasladado a la Cárcel Pública de Santiago, donde compartió la celda número 12 con el general Alberto Bachelet. En 2016, la Corte Suprema de Chile confirmó la anulación de las condenas contra 84 miembros de la Fuerza Aérea, incluido Silva, quien se había exiliado en Londres en 1977. Años después, en 2001, Silva se reencontró con Villagrán y Agüero, forjando una amistad que perduró hasta su muerte el 19 de agosto de 2024 a causa de un cáncer. El capitán, quien nunca perdió su vocación de aviador, es recordado hoy como un símbolo ético de resistencia democrática.


