El kratom, un árbol originario del sudeste asiático, se ha convertido en el centro de un intenso debate en Estados Unidos. Aunque es utilizado por personas como Jeffrey Deaver, un leñador jubilado de 58 años del estado de Washington, para aliviar dolores crónicos, su consumo sin supervisión médica representa riesgos significativos. Deaver, quien recurrió a esta sustancia tras no hallar alivio con tratamientos convencionales, describe su efecto como un "milagro" que le permitió recuperar su funcionalidad. Sin embargo, la realidad detrás de este producto es compleja.
La sustancia, que ingresó al mercado estadounidense como suplemento alrededor de 2016, se comercializa en formas altamente concentradas como pastillas, polvos o líquidos. Shane Speights, decano de la Facultad de Medicina Osteopática del Instituto Tecnológico de Nueva York en la Universidad Estatal de Arkansas, advierte que la falta de regulación por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) impide conocer con certeza qué contienen estos productos. "Podrías crear algo en tu sótano, comercializarlo como un suplemento, y nadie se molestaría en comprobar qué contiene", señaló Speights.
La disponibilidad del kratom en gasolineras y tiendas de barrio le ha valido el apodo de "heroína de las gasolineras". Aunque se promociona como un auxiliar natural para el dolor, la ansiedad y la depresión, sus efectos pueden ser similares a los de un narcótico. En dosis altas, el kratom puede provocar euforia, alucinaciones y, lo más peligroso, una depresión del sistema nervioso central que puede derivar en colapso cardiovascular y dificultades respiratorias.
Jana Wu, directora de integración clínica del centro de tratamiento de adicciones Mountainside, destaca que el riesgo de adicción y tolerancia es real. "He trabajado con personas que tomaban hasta 20 pastillas al día", relató Wu, subrayando cómo el consumo puede afectar gravemente la vida laboral y personal de los usuarios. Recientemente, las autoridades de Misisipi informaron que dos estudiantes fallecidos de la Universidad de Misisipi tenían kratom entre sus pertenencias, aunque las muertes no fueron atribuidas directamente a la sustancia.
Actualmente, el kratom está prohibido en 11 estados: Alabama, Arkansas, Connecticut, Indiana, Kansas, Louisiana, Massachusetts, Dakota del Norte, Tennessee, Vermont y Wisconsin. Massachusetts fue el último en sumarse a la lista con una orden de emergencia en agosto. A nivel internacional, su consumo y venta están prohibidos en 15 países, incluyendo Australia y Malasia, donde su regulación se remonta a la Ley de Sustancias Tóxicas de 1952.


