La temporada de huracanes de 2026 ha presentado un comportamiento inusualmente tranquilo en el Atlántico Norte, un fenómeno que no se observaba desde que comenzaron los registros satelitales en 1966. Según datos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos, hasta el 23 de septiembre solo se habían formado seis tormentas tropicales, ninguna de las cuales alcanzó la categoría de huracán. Matthew Rosencrans, principal pronosticador de la temporada de huracanes del Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA, señaló que "en la era de los satélites nunca hemos tenido un año sin un huracán", calificando la situación como un evento sin precedentes.
El factor determinante detrás de esta anomalía es la fase actual del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Este ciclo, que afecta las temperaturas de la superficie marina en el Pacífico, se encuentra en uno de sus episodios más intensos registrados. La NOAA ha reportado que la Energía Ciclónica Acumulada (ECA) en el Atlántico se mantiene en mínimos históricos. El Niño debilita los vientos alisios y aumenta la cizalladura del viento en el Atlántico, lo que dificulta la formación y el desarrollo de tormentas tropicales.
Por el contrario, en el Pacífico oriental y central, las condiciones son opuestas. La menor cizalladura vertical y el aumento de la temperatura del mar, que ya supera los 3 grados Celsius, han favorecido una mayor actividad ciclónica. El huracán Polo, registrado recientemente, destaca como uno de los ciclones más potentes de las últimas décadas. Según Anne-Claire Fontan, de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), este desplazamiento de las tormentas hacia el norte aumenta el riesgo para regiones como Guam, las Islas Marianas del Norte, Japón y la península coreana.
Aunque el ENOS es un proceso natural, los expertos advierten que su interacción con el cambio climático podría amplificar efectos como el calor extremo y las lluvias torrenciales. La Met Office del Reino Unido y el Climate Impact Lab de la Universidad de Chicago han alertado sobre la posibilidad de que la combinación de estos factores rompa récords de temperatura en 2027 y tenga impactos severos en la salud pública global.


