CIUDAD DE MÉXICO, México. — El Códice Azcatitlan, un documento fundamental que narra la historia del pueblo mexica, ha vuelto a territorio mexicano por primera vez en casi dos siglos. La pieza, que permaneció en Francia desde la década de 1840 y fue entregada a la Biblioteca Nacional de ese país a finales del siglo XIX, se encuentra ahora en el Museo Nacional de Antropología de la capital mexicana, donde permanecerá en exhibición hasta el 31 de diciembre.
Este retorno es resultado de una cumbre celebrada el año pasado entre la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el presidente francés, Emmanuel Macron, quienes acordaron un intercambio temporal de códices antiguos. Como parte de esta colaboración, México envió a Francia el Códice Boturini, un documento más antiguo que también detalla el peregrinaje hacia la fundación de Tenochtitlan en 1325.
Durante la inauguración de la exposición este 17 de septiembre, la secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel, destacó que el Códice Azcatitlan contiene ilustraciones a color que abarcan desde el origen mítico en Aztlán hasta la Conquista y los primeros años del periodo colonial. Por su parte, Jean-Charles Bédague, director de las colecciones de la Biblioteca Nacional de Francia, subrayó la importancia de este intercambio para el estudio conjunto entre investigadores de ambos países.
El documento, elaborado entre finales del siglo XVI e inicios del XVII, consta de 25 folios y unas 50 páginas, aunque presenta seis láminas faltantes. Fue realizado en papel europeo bajo encargo español, utilizando la técnica pictográfica de los tlacuilos prehispánicos. Según Baltazar Brito, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, este tipo de manuscritos fueron creados para reconstruir la historia indígena tras la destrucción masiva de códices ordenada por frailes y autoridades coloniales en los primeros años de la evangelización.
Actualmente, México resguarda 106 documentos originales y un número similar de copias en condiciones controladas de temperatura y luz. Aunque existen peticiones constantes para la restitución definitiva del patrimonio cultural disperso en instituciones de ciudades como Madrid, Oxford, Londres, Bolonia y el Vaticano, el intercambio actual representa un avance significativo en la cooperación internacional para la preservación y exhibición de estos testimonios históricos.

