BERLÍN, Alemania. — La reciente Copa Mundial Femenina de Baloncesto en Berlín dejó un balance agridulce para el equipo anfitrión. A pesar de un desempeño destacado que llevó a las dirigidas por Olaf Lange a disputar la fase final, el equipo cayó ante España en el duelo por la medalla de bronce, tras haber sido superadas por Francia en semifinales. El torneo, que coronó nuevamente a Estados Unidos como campeón, sirvió como un escaparate de la calidad de jugadoras como Leonie Fiebich y Nyara Sabally, pero también expuso las carencias estructurales del deporte en Alemania.
"Simplemente no somos lo suficientemente buenas", declaró Fiebich tras el encuentro contra España, reconociendo la dificultad de mantener el nivel competitivo mostrado ante potencias como Bélgica, a quienes derrotaron en cuartos de final. Por su parte, el seleccionador Olaf Lange enfatizó que el dolor de la derrota debe convertirse en el motor para la mejora individual de las atletas en los próximos años.
El éxito del evento fue innegable en términos de audiencia, con 230,000 entradas vendidas y una asistencia constante de 13,000 espectadores en los partidos finales. Sin embargo, la realidad de la Bundesliga Femenina de Baloncesto (DBBL) es distinta: es una liga pequeña, con presupuestos limitados y un carácter semiprofesional. Actualmente, solo tres seleccionadas —Alexandra Wilke, Emma Eichmeyer y Britta Daub— compiten en la liga local, donde la mayoría de las jugadoras deben combinar el deporte con otras profesiones, como el caso de Wilke, quien es maestra de bachillerato.
Lange, quien ha criticado el declive de las estructuras en los clubes de élite desde 1995, advierte que la liga no está preparada para absorber el interés generado por el Mundial. Ireti Amojo, nueva directora de la DBBL desde marzo, ha comenzado a implementar medidas, como la contratación de entrenadores a tiempo completo y la ampliación de la capacidad de los pabellones, que actualmente limitan el aforo a 600 personas en algunas sedes.
"Llegamos tarde. No contamos con las estructuras necesarias para captar este interés y brindar a todas las niñas apasionadas por el baloncesto la oportunidad de convertirse en la próxima Leonie Fiebich o Nyara Sabally", admitió Amojo. A pesar de los desafíos, la directiva considera que el Mundial ha servido como una prueba definitiva para desmentir la falta de interés en el baloncesto femenino y establecer una hoja de ruta hacia la profesionalización.


