El reciente y fulminante avance de los hutíes a través de la zona sur de Tihama, en la llanura costera de Yemen, ha tomado por sorpresa a la comunidad internacional. En cuestión de días, los rebeldes respaldados por Irán han arrebatado el control de aproximadamente 130 kilómetros de costa a la coalición conocida como Resistencia Nacional, marcando el avance militar más significativo del grupo en años.
Este movimiento estratégico permite a los hutíes afianzarse en puntos clave, incluyendo la isla de Perim, situada en el estrecho de Mandeb. Según Farea al Muslimi, investigador de Chatham House, esta nueva realidad otorga a Irán, a través de sus aliados, el control sobre dos de los puntos marítimos más críticos del mundo: el estrecho de Ormuz y el estrecho de Mandeb, los cuales gestionan más del 35% del comercio mundial de petróleo y combustible.
"Ahora que están ahí, se van a afianzar y va a ser mucho más costoso expulsarlos", advirtió Hisham al Omeisi, analista del Instituto Europeo de la Paz. La situación ha generado una profunda preocupación en Arabia Saudita, especialmente tras reportes de ataques con misiles y drones contra el oleoducto Este-Oeste, una infraestructura vital para las exportaciones sauditas.
Aunque los hutíes han emitido comunicados asegurando que la navegación es segura para las compañías, salvo para los buques sauditas, los analistas mantienen el escepticismo debido a ataques previos contra embarcaciones sin vínculos con Israel. Por su parte, la administración de Donald Trump enfrenta un escenario complejo, con una guerra contra Irán que ya es impopular y el riesgo de que una intervención militar directa afecte sus perspectivas políticas en las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2025.
Baraa Shaiban, analista del RUSI, vinculó esta escalada con el regreso de una delegación hutí del funeral del ayatolá Alí Jamenei en julio, sugiriendo una determinación clara de Teherán por fortalecer su presencia en el mar Rojo tras los reveses sufridos por otros aliados como Hezbolá y Hamás. Mientras tanto, la población civil de Yemen continúa sufriendo las consecuencias de 12 años de guerra civil, enfrentando desplazamientos y una crisis humanitaria agravada por este nuevo recrudecimiento del conflicto.


