El panorama geopolítico en Oriente Medio atraviesa una transformación significativa debido al fortalecimiento de los hutíes en Yemen. Esta organización, parte del denominado "Eje de la Resistencia" junto a Hezbolá en el Líbano, Hamás en Gaza y diversas milicias chiitas en Irak, ha expandido su control sobre la costa yemenita y varias islas del mar Rojo. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), esta expansión busca imponer control sobre las rutas de exportación de petróleo, emulando la importancia estratégica del estrecho de Ormuz.
La percepción de los hutíes ha cambiado drásticamente. Mientras Hezbolá enfrenta un debilitamiento tras los ataques del Ejército de Israel y la pérdida de su base en Siria, los hutíes han demostrado capacidades militares inéditas, como el derribo de un caza saudí F-15 con un misil modificado. Farea al-Muslimi, investigador de Chatham House, sostiene que los hutíes han superado a Hezbolá en valor estratégico: "Se han vuelto más valiosos de lo que Hezbolá podría llegar a ser".
Por su parte, Andreas Krieg, profesor del King's College de Londres, destaca que los hutíes ofrecen a Irán una capacidad de presión directa sobre Arabia Saudita, Israel y el transporte marítimo internacional, una función que se ha vuelto crítica ante la presión que enfrenta Hezbolá. A diferencia de este último, los hutíes operan con mayor autonomía, poseyendo su propia ideología y base social, lo que dificulta que Teherán los controle a voluntad.
La estrategia hutí, descrita como un enfoque de "suma cero", prioriza el combate sobre la gestión de servicios públicos, lo que, según Al-Muslimi, los hace más peligrosos. La falta de dependencia del sistema financiero internacional y su ideología centrada en el sacrificio los vuelve inmunes a las sanciones tradicionales. Mientras tanto, el impacto humanitario es severo: las Naciones Unidas reportan al menos 125,000 personas desplazadas en Yemen desde principios de septiembre de 2026.


