CIUDAD DE MÉXICO. — El libro Curiosa gastronómica: Episodios insólitos de la cocina mexicana temprana, escrito por el investigador Dante Hernández Juárez y publicado por el sello Tipografía de Letrán, ofrece una mirada profunda a los hábitos alimenticios de la época virreinal, revelando que el consumo de ajolote era, en ciertos periodos, más frecuente que el de las quesadillas. El texto, que cuenta con 47 ilustraciones de la artista Mayra Dávila y la edición de Fabián Ramírez, compila ensayos independientes sobre ingredientes olvidados y las restricciones sociales de la época.
El autor, estudiante de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), explica que la dificultad de documentar la cocina popular novohispana radica en la escasez de registros, a diferencia de la vasta información disponible sobre la gastronomía de conventos y palacios. Para reconstruir este panorama, Hernández Juárez recurrió a archivos judiciales y crónicas históricas. Entre sus hallazgos, destaca que en un recetario de finales del siglo XIX consultado por el autor, se encontraron tres recetas para preparar ajolotes —ya sea en salsa verde, chile amarillo, caldo rojo o tamal— frente a solo dos recetas de quesadillas.
La obra también aborda el uso del tlacuache, tanto en caldos como en remedios herbolarios. El investigador señala que el té de cola de tlacuache aparece en el Códice de la Cruz-Badiano como un tratamiento para mujeres con dificultades durante el parto, una práctica también mencionada por fray Bernardino de Sahagún y el inquisidor Hernando Ruiz de Alarcón.
Otro aspecto relevante del libro es el análisis de la persecución de la diversidad sexual en el siglo XVII. A través de un proceso judicial contra Juan de la Vega, que resultó en la detención de 100 personas y la ejecución de 14 en la hoguera, el autor documenta testimonios que vinculan la gastronomía con la represión social. Uno de los acusados declaró: “me gusta que me coman como a las ranas: de la cintura para abajo”, una referencia que el autor conecta con la presencia de recetas de ranas en los recetarios del siglo XIX.
Finalmente, Hernández Juárez dedica un ensayo a la antropofagia en Mesoamérica, cuestionando las narrativas europeas impuestas por cronistas como fray Bernardino de Sahagún. El autor argumenta que la idea del canibalismo mesoamericano responde más a una construcción ideológica europea, heredada desde Heródoto y consolidada por figuras como San Agustín, Marco Polo y Cristóbal Colón, que a una realidad arqueológica, la cual solo presenta indicios en menos de 10 contextos en la región.


