El 11 de septiembre de 2001, el mundo cambió tras los ataques terroristas que cobraron la vida de casi tres mil personas de 92 nacionalidades, incluyendo once ciudadanos alemanes. El entonces presidente de Alemania, Johannes Rau, calificó el suceso como un día que transformó la historia global. La conexión alemana con los atentados fue directa: tres de los cuatro pilotos terroristas residieron en Hamburgo, donde el egipcio Mohammed Atta, líder del grupo, se radicalizó en la mezquita Al-Quds, cerca de la estación central de la ciudad, y compartió piso en el distrito de Harburg durante tres años.
La justicia alemana actuó contra los implicados. En 2003, el Tribunal Superior Regional Hanseático condenó al marroquí Mounir al-Motassadeq a 15 años de prisión por complicidad en miles de asesinatos y pertenencia a organización terrorista. Tras cumplir su pena, fue deportado a Marruecos. Por otro lado, Ramzi Binalshibh, otro miembro del entorno de Atta, permanece detenido sin juicio en Guantánamo desde 2006.
El caso de Murat Kurnaz, un ciudadano nacido en Bremen, generó una intensa controversia política. Kurnaz fue encarcelado en Guantánamo durante casi cinco años sin pruebas de participación en los atentados. El actual presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, quien era ministro de Exteriores en la época, testificó ante el Bundestag sobre la decisión de las autoridades de seguridad de rechazar el regreso de Kurnaz en 2002, argumentando la necesidad de velar por la seguridad nacional.
En respuesta a los ataques, el entonces canciller Gerhard Schröder impulsó una serie de medidas legislativas, incluyendo el primer "Paquete de seguridad" que otorgó mayores competencias a la policía y servicios de inteligencia. La Ley de lucha contra el terrorismo permitió el acceso a datos personales y endureció la legislación sobre extranjeros. Aunque se implementaron métodos como la "Rasterfahndung" para detectar "durmientes", el Tribunal Constitucional Federal limitó estas prácticas en 2006, dictaminando que solo son admisibles ante un peligro concreto.
Finalmente, los atentados tuvieron repercusiones militares significativas. Alemania participó desde diciembre de 2001 en la guerra en Afganistán, un conflicto de 20 años que concluyó en agosto de 2021. Durante este periodo, 59 soldados de la Bundeswehr y tres policías alemanes perdieron la vida en el marco de las operaciones internacionales.


