CIUDAD DE MÉXICO. — La transición energética en México enfrenta un reto técnico fundamental: la necesidad de equilibrar la generación y la demanda eléctrica en tiempo real, manteniendo parámetros críticos como frecuencia, tensión y reservas. Según el análisis de José Antonio Rojas Nieto, el sistema eléctrico nacional debe evolucionar de su dependencia histórica en grandes centrales de base —hidroeléctricas, termoeléctricas, nucleares y ciclos combinados— hacia un modelo que integre una mayor participación de energías limpias.
El objetivo nacional es alcanzar un 38 por ciento de generación renovable para el año 2030 y un 50 por ciento para 2040, buscando reducir emisiones y la dependencia del gas natural importado. Este cambio implica una electrificación que pasaría del 23 por ciento actual al 35 por ciento del consumo final en el mismo periodo. La integración de paneles solares y aerogeneradores, conectados mediante inversores electrónicos, requiere distinguir entre equipos grid-following y grid-forming, siendo estos últimos esenciales para sostener la red.
El experto señala que, aunque las renovables son capaces de contribuir a la estabilidad mediante baterías, sistemas hidráulicos de rebombeo y controles modernos, es necesario identificar y remunerar explícitamente los servicios conexos. Esto incluye la regulación de frecuencia, soporte de tensión, arranque negro y la capacidad de rampa necesaria ante la caída de la generación fotovoltaica cada tarde.
Finalmente, Rojas Nieto advierte que la transición no debe limitarse a sustituir centrales fósiles por renovables. Se requiere una reconstrucción de la arquitectura física, económica y regulatoria del sistema, donde el Centro de Control (Cenace) juegue un papel clave en la contratación competitiva de servicios, evitando pagos dobles y distinguiendo rigurosamente entre obligaciones técnicas mínimas y servicios sistémicos adicionales.


