CANCÚN, Q. Roo. — A escasos metros de las playas de Cancún, nueve delfines se encuentran atrapados en un parque acuático que cerró sus puertas hace un año. Los ejemplares, dos hembras llamadas Solei y Oceanía, y siete machos identificados como Mincho, Diego, Apolo, Flex, Satu, Squalo y Salomón, presentan padecimientos crónicos y complicaciones de salud derivadas de años de cautiverio y explotación en espectáculos.
La situación más crítica es la de Mincho, quien padece un carcinoma en la lengua, secuela de un fuerte golpe contra el concreto de una piscina durante un espectáculo en la Riviera Maya. Otros ejemplares presentan lesiones severas: Diego sufre una abrasión dental grave y la pérdida parcial de su aleta caudal, mientras que Solei padece pérdida de visión en ambos ojos. En general, los animales muestran inflamación en las córneas y ulceraciones bucales.
La organización Veeleaf, que monitorea el estado de los delfines, ha denunciado que los animales viven en condiciones mínimas, con estrés evidente que los lleva a morder el concreto de los estanques. Fabián Pinto, cofundador de la organización, señaló que persisten problemas con la filtración del agua, donde se ha detectado presencia de algas y heces. Aunque la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha reportado mejoras en la calidad del agua y supervisión diaria, los activistas sostienen que las visitas de inspección son esporádicas.
El conflicto se enmarca en la "Ley Mincho", aprobada en julio de 2025, que prohíbe los espectáculos con mamíferos marinos en México. Sin embargo, la falta de un reglamento técnico ha generado lagunas legales que permiten a empresas como Ventura Entertainment mantener a los animales en cautiverio. La ley establece un plazo hasta enero de 2027 para reubicar a los cetáceos en corrales marinos o instalaciones con intercambio de agua exterior, pero la incertidumbre regulatoria mantiene a los delfines en un limbo.
Expertos como la bióloga marina Gisela Heckel advierten que la liberación no es una opción viable debido a la dependencia humana de los ejemplares, su origen en las Islas Salomón y su delicado estado de salud. La prioridad, coinciden ambientalistas y autoridades, debe ser garantizar condiciones de vida dignas mientras se definen los protocolos para su cuidado a largo plazo.


