El debate sobre el papel del idioma inglés en el sistema educativo de China ha cobrado fuerza tras las declaraciones de Tang Jiafeng, profesor de matemáticas especializado en álgebra vectorial. El académico sostiene que el inglés debería dejar de ser una asignatura obligatoria, argumentando que el sistema actual impone una carga excesiva a los estudiantes desde el tercer grado, nivel en el que la materia comienza a ser obligatoria y se califica con el mismo rigor que el chino o las matemáticas. Para acceder a la universidad, los estudiantes pueden obtener un máximo de 150 puntos en esta asignatura.
"Nuestros hijos empiezan a aprender inglés desesperadamente incluso antes de dominar su lengua materna. Sin embargo, somos una civilización milenaria. El inglés es simplemente una herramienta. Basta con saber usarlo. Se debe acabar la tradición de venerar e imitar las culturas occidentales", declaró Tang. El profesor cuestiona la inversión de tiempo y recursos en una materia que considera irrelevante para la futura vida profesional de la mayoría de los estudiantes.
La propuesta ha generado diversas reacciones en internet. Algunos ciudadanos sugieren que, ante el auge de la inteligencia artificial capaz de traducir en segundos, el estudio intensivo del idioma es innecesario. Otros, desde la provincia de Guangdong, proponen ajustar la calificación máxima a 120 puntos en lugar de 150 para el diploma de bachillerato. La preocupación también se extiende al ámbito académico, donde Tang advierte que el requisito de aprobar un examen de inglés para acceder a programas de máster podría perjudicar a jóvenes científicos talentosos.
Por otro lado, figuras como Hu Xijin, exeditor jefe del periódico estatal Global Times, defienden la obligatoriedad del inglés. Hu argumenta que el dominio de lenguas extranjeras es vital en un mundo globalizado y que mantenerlo como asignatura troncal garantiza la igualdad de oportunidades, permitiendo que niños de zonas rurales tengan acceso al entorno global. Asimismo, expertos advierten que una reducción en la enseñanza del inglés podría afectar la competitividad de China, dado que gran parte de la investigación científica de vanguardia se publica en dicho idioma.
Ante este panorama, las instituciones educativas están adaptándose. Universidades como la de Estudios Extranjeros de Pekín han comenzado a implementar modelos de "lengua extranjera más especialización", combinando el inglés con áreas como Derecho, Informática o Economía, mientras se observa una disminución en el interés de los estudiantes por cursar carreras enfocadas exclusivamente en idiomas extranjeros.


