El colapso del Sistema Eléctrico Nacional comenzó el viernes pasado el mediodía, originado por una falla en las líneas de transmisión que afectó inicialmente a las cinco provincias occidentales, incluyendo La Habana, para posteriormente extenderse a la totalidad del territorio nacional. Para la tarde del sábado, la Unión Eléctrica de Cuba (UNE) reportó la reconexión de 14 de las 15 provincias, quedando únicamente Guantánamo, en el extremo este, pendiente de restablecimiento.
A pesar de los avances en la reconexión, la disponibilidad de generación eléctrica sigue siendo crítica. En La Habana, apenas el 48% de la población contaba con suministro eléctrico al caer la noche del sábado. Esta crisis se suma a una tendencia de apagones prolongados que, en semanas recientes, han alcanzado más de 30 horas en la capital y hasta 60 horas consecutivas en otras provincias.
La infraestructura energética de la isla, compuesta por siete plantas termoeléctricas obsoletas, enfrenta dificultades operativas severas. Según la UNE, la falta de combustible —agudizada por las sanciones impuestas por el gobierno de Donald Trump desde enero— impide el funcionamiento óptimo de las plantas y de los generadores de respaldo que operan con diésel importado. Mientras el gobierno cubano responsabiliza a Washington por la crisis, Estados Unidos atribuye la situación a una gestión económica interna deficiente. Cabe recordar que, durante el apagón general ocurrido a principios de agosto, el proceso de restablecimiento del servicio tomó 36 horas.


