WASHINGTON, D.C. — El Departamento de Defensa de Estados Unidos enfrenta una turbulencia sin precedentes, atrapado entre una guerra estancada en el Golfo Pérsico y una profunda transformación interna. La reciente dimisión de Dan Driscoll, secretario del Ejército de Estados Unidos, ha puesto de relieve las tensiones entre la cúpula militar y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien busca implementar una reestructuración radical de las fuerzas armadas.
Driscoll, quien había abogado por una modernización urgente del Ejército mediante la integración de drones y nuevas tecnologías para la guerra del siglo XXI, mantenía constantes fricciones con Hegseth sobre la velocidad y naturaleza de estos cambios. Su salida se suma a una lista de destituciones que incluye a al menos dos docenas de generales, almirantes y líderes civiles, una purga que ha generado críticas incluso dentro del Partido Republicano. El senador Thom Tillis calificó la gestión como "inepta", mientras que el exasesor de seguridad nacional, H.R. McMaster, advirtió que la partida de Driscoll interrumpe una agenda de modernización crítica.
Por su parte, Hegseth ha defendido su gestión como una necesaria cruzada cultural para eliminar iniciativas "progresistas" y restaurar el "espíritu guerrero". El vicepresidente JD Vance respaldó estas acciones, argumentando que el objetivo es superar décadas de "desaventuras militares". No obstante, expertos como Michael Schiffer, del Center for American Progress, comparan estos movimientos con purgas políticas que podrían comprometer la capacidad operativa de las fuerzas armadas.
La situación se complica por la redistribución de recursos militares debido a la ofensiva contra Irán iniciada el 28 de febrero. El traslado de activos desde Europa y el Pacífico hacia el Golfo Pérsico ha dejado vulnerabilidades estratégicas. Según Liana Fix, del Council on Foreign Relations, la falta de coordinación con aliados de la OTAN ha debilitado la postura frente a Rusia. Además, el consumo de municiones ha sido significativo: Estados Unidos ha utilizado cerca de un tercio de su arsenal de 3,000 misiles Tomahawk y casi 1,500 interceptores Patriot de una reserva de 2,300.
La Casa Blanca, a través de la subsecretaria de prensa Anna Kelly, ha negado cualquier debilidad, asegurando que el poder militar estadounidense es "más fuerte que nunca". Mientras tanto, el despliegue de tropas, incluida la 82.ª División Aerotransportada, se mantiene con una proyección hasta 2027, en un escenario donde la administración Trump continúa apostando por una transformación profunda del estamento militar.


