La inestabilidad en el estrecho de Bab el-Mandeb ha alcanzado un punto crítico tras el avance de los hutíes en Yemen. Según informes recientes, las fuerzas progubernamentales se retiraron de la isla de Perim el viernes, permitiendo que los rebeldes, respaldados por Irán, controlen ahora la totalidad de la costa yemení del mar Rojo. Este movimiento estratégico ocurrió apenas un día después de la toma de la ciudad portuaria de Mokha, donde intensos enfrentamientos obligaron a numerosas familias a huir de sus hogares.
El impacto humanitario es severo; la ONU ha advertido que al menos 46,000 personas han sido desplazadas y cientos han muerto en la última semana de ofensiva. Ilyas Moussa Dawaleh, ministro de Economía de Yibuti, confirmó que 1,400 personas cruzaron el estrecho hacia su país en solo 24 horas. Mientras tanto, el portavoz militar hutí, Yahya Sarea, ha emitido advertencias contra buques saudíes, intensificando la tensión en una ruta por la que transita aproximadamente una cuarta parte del tráfico marítimo mundial.
La importancia de Bab el-Mandeb radica en su función como enlace indispensable entre el océano Índico y el canal de Suez. Con 36 km de ancho, este paso es vital para el suministro energético global: el 12% del petróleo mundial y el 8% del gas natural licuado (GNL) transitan por sus aguas. Analistas advierten que una interrupción prolongada tendría efectos similares al bloqueo del canal de Suez en 2021, provocando cuellos de botella en las cadenas de suministro y un aumento drástico en los precios de los energéticos, que ya han reaccionado al alza tras la escalada del conflicto.


