La estabilidad de los mercados financieros globales enfrenta un nuevo desafío ante la creciente deuda pública de Estados Unidos, que superó la marca de los 40 billones de dólares en agosto. Esta situación ha generado una ola de preocupación entre los inversionistas, especialmente tras conocerse que el Fondo de Pensiones de Noruega, el mayor fondo soberano del mundo, planea reducir su exposición a los bonos del Tesoro estadounidense. Según cálculos de Reuters, esta estrategia implicaría la venta de bonos por casi 80.000 millones de dólares, tras haber mantenido una cartera valorada en 215.000 millones de dólares a finales de junio.
El impacto en los rendimientos ha sido notable; los bonos del Tesoro a 30 años alcanzaron un 5,3 %, su nivel más alto desde 2007. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) estima que Estados Unidos destina actualmente más de un billón de dólares anuales al pago de intereses, superando los 3.000 millones de dólares diarios. Desde 2024, este gasto por intereses ha rebasado el presupuesto militar del país.
Datos de la Reserva Federal de St. Louis indican que la deuda pública estadounidense ha crecido más de un 600 % en los últimos 30 años, pasando de 5,2 billones de dólares en 1996 a la cifra actual. Esta deuda representa más del 125 % de la producción económica nacional, una proporción comparable a la de Francia o Italia. Factores como la anulación judicial de aranceles, los costos derivados del conflicto con Irán y las rebajas fiscales a empresas han complicado el panorama fiscal.
A pesar de este escenario, los expertos señalan que el mercado estadounidense sigue siendo el destino principal de capitales. "El mercado de capitales europeo todavía no es una alternativa al estadounidense", afirmó Carsten Brzeski, economista jefe de ING, añadiendo que China y otros mercados emergentes no pueden o no quieren asumir ese papel. Sin embargo, la presión sobre los tipos de interés podría ser permanente.
Un factor adicional que presiona al alza los tipos de interés es el auge de la inteligencia artificial. Robert Sockin, economista jefe para Estados Unidos de la gestora PGIM, explicó que las emisiones de deuda corporativa vinculadas a la IA están desplazando a los bonos soberanos, ya que los gigantes tecnológicos recurren masivamente al mercado para financiar sus inversiones en infraestructura.


