Escalada de tensiones y nuevas restricciones
Este martes 8 de septiembre de 2026, Canadá activó una serie de aranceles sobre importaciones estadounidenses valoradas en 20.000 millones de dólares (27.600 millones de dólares canadienses). Los gravámenes, que oscilan entre el 15%, 25% y 50%, afectan sectores clave como el acero, productos lácteos, artículos electrónicos y pulpa de papel. Ottawa sostiene que este monto equipara el impacto de los recargos del 50% aplicados por Washington a productos canadienses desde el pasado 22 de agosto.
En respuesta, la Casa Blanca intensificó la disputa la noche del mismo martes al emitir órdenes ejecutivas que prohíben la importación de diversos productos, incluyendo bebidas alcohólicas, a partir del 29 de septiembre. Asimismo, se impondrá una tarifa del 50% a una nueva lista de bienes canadienses, desde colchones hasta botes a motor, efectiva desde el 15 de septiembre.
La postura de Ottawa
El primer ministro Mark Carney, en un mensaje difundido a través de YouTube, justificó las medidas como una defensa necesaria para los trabajadores y empresas canadienses. "Tenemos todo lo que necesitamos para cambiar de rumbo y prosperar. Ese cambio de rumbo tendrá un costo. Siempre hay un costo cuando se actúa. Pero no se acerca al costo de quedarse inmóviles", aseveró Carney.
El conflicto se agravó tras la ruptura de las negociaciones comerciales el 21 de agosto. Carney calificó la propuesta estadounidense como un "mal acuerdo" con "condiciones injustas", argumentando que el objetivo de Washington era convertir a Canadá en una "filial" y destruir su industria automotriz. El mandatario también señaló discrepancias sobre el uso de la lengua francesa, incluyendo el etiquetado bilingüe y el lugar de los medios francófonos en línea, puntos que la Casa Blanca ha negado haber convertido en "líneas rojas". Aunque las negociaciones oficiales están suspendidas, un portavoz del negociador canadiense Dominic LeBlanc confirmó que se mantienen conversaciones informales.
Amenazas y fricciones diplomáticas
La retórica de Donald Trump ha elevado la tensión, incluyendo amenazas de bloquear el acceso de empresas canadienses a programas de compras públicas estadounidenses, que representan hasta 50.000 millones de dólares anuales. Trump también ha reiterado su intención de elevar los aranceles a la industria automotriz canadiense del 25% al 50% a partir del 1 de enero.
Respecto al fabricante aeronáutico Bombardier, Trump amenazó con bloquear sus ventas en Estados Unidos, una medida que ha generado preocupación incluso entre legisladores republicanos, como el senador por Kansas, Roger Marshall, quien busca proteger más de 1.200 empleos de la firma en su estado. Por su parte, el primer ministro de Columbia Británica, David Eby, respondió a las constantes alusiones de Trump sobre convertir a Canadá en el "estado 51" instalando letreros en la frontera que rezan: "¡NUNCA será el estado 51 ¡Lo siento!".
El clima diplomático se ha visto afectado además por comentarios de los secretarios estadounidenses Scott Bessent y Pete Hegseth, quienes cuestionaron la capacidad defensiva de Canadá. Ante este escenario, el gobierno de Carney ha desbloqueado 7.500 millones de dólares canadienses (5.400 millones de dólares) para apoyar a los sectores afectados, en un contexto donde el 60% de las importaciones canadienses provienen de EE. UU. y el 70% de sus exportaciones se dirigen a ese mercado.


