La relación entre Canadá y la Unión Europea podría dar un giro histórico. Tras especulaciones iniciales, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, expresó su intención de colaborar con el primer ministro canadiense, Mark Carney, para convertir a Canadá en el primer "miembro asociado" de la UE, una propuesta presentada durante un discurso en el Parlamento Europeo el 16 de septiembre, apenas dos días después de que la Comisión declinara comentar sobre el tema.
El economista Patrick Leblond, de la Universidad de Ottawa, señala que, aunque una integración total al mercado único es improbable, el enfoque se centra en la seguridad económica y la defensa. Actualmente, Canadá destina cerca del 70 por ciento de su presupuesto de defensa a Estados Unidos, una dinámica que Carney busca transformar. La estrategia incluye la participación en proyectos europeos para optimizar recursos, aprovechando la adhesión de Canadá al programa SAFE (Acción de Seguridad para Europa), que facilita préstamos de hasta 150.000 millones de euros para la adquisición conjunta de equipo militar.
El compromiso de Canadá con la defensa es significativo: el país destina actualmente el dos por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) a este sector, con planes de elevar la cifra al cinco por ciento para 2035, dividiendo el gasto en un 3,5 por ciento para armamento y un 1,5 por ciento para áreas relacionadas. Anand Sundar, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), destaca que esta capacidad convierte a Canadá en una "potencia de defensa subestimada" que podría beneficiar a la UE, aunque advierte sobre los retos de flexibilizar normativas para terceros países.
Además de la defensa, la cooperación podría extenderse a infraestructuras críticas, como satélites y cables de fibra óptica, así como al suministro de petróleo y gas. Estas iniciativas se suman al Acuerdo Económico y Comercial Integral (CETA), vigente desde septiembre de 2017, que ya regula el libre comercio entre ambas regiones. La urgencia de Carney por estrechar lazos fue subrayada en el Foro Económico Mundial de Davos en enero de 2026, donde advirtió sobre el "colapso" del orden mundial y la necesidad de que las potencias medianas actúen conjuntamente frente a las tensiones comerciales con Estados Unidos.


