El panorama geopolítico global se tensa tras la propuesta de la Unión Europea de integrar a Canadá como su primer miembro asociado, una iniciativa que busca profundizar la colaboración en sectores estratégicos como la industria, la tecnología, la defensa y la energía. Durante su intervención ante el Parlamento Europeo, Mark Carney defendió el acercamiento, subrayando que ambas economías pueden actuar como un "faro para las democracias". "Europa y Canadá son más fuertes juntos", afirmó el primer ministro canadiense, quien además aseguró que existe una "aplastante mayoría" de apoyo ciudadano en su país para estrechar estos vínculos.
La propuesta, impulsada por Ursula von der Leyen, contempla incluso la participación de Ottawa en un futuro Consejo Europeo de Seguridad, junto a naciones como Reino Unido y Noruega. La idea fue recibida con una ovación por parte de los eurodiputados, aunque el estatus jurídico de "miembro asociado" aún carece de una definición formal en los tratados europeos, lo que implica que, de concretarse, no otorgaría derecho a voto a Canadá ni significaría su adhesión plena al bloque.
La respuesta de Donald Trump no se hizo esperar. El presidente de Estados Unidos calificó la iniciativa como un posible "acto hostil" y advirtió sobre represalias económicas. "Si hacen eso, si considero que se trata de un acto hostil, impondré aranceles muy elevados o dejaré de comerciar con Europa", sentenció Trump, aunque dejó abierta la posibilidad de no actuar si interpreta que el acercamiento se realiza de "buena fe". Por su parte, Olof Gill, portavoz de Comercio de la Comisión Europea, aclaró que el proyecto "no está dirigido contra nadie".
El acercamiento se construye sobre una base comercial sólida, pues desde 2016, el comercio de bienes y servicios entre ambas partes ha crecido más de un 80% gracias al acuerdo CETA. Asimismo, Canadá ya dio pasos previos en materia de seguridad al ser el primer país fuera de la UE en unirse a un programa europeo de préstamos para defensa. Actualmente, el proyecto depende de la aprobación de los 27 países miembros, con voces como la del canciller francés Jean-Noël Barrot, quien ha pedido un debate profundo sobre los alcances de esta nueva relación.


