BERLÍN, Alemania. — La historia de Berlín está intrínsecamente ligada a la rebelión. Ya en 1926, Joseph Goebbels, líder de distrito del Partido Nazi, calificaba a la capital alemana como "la ciudad más comunista de Europa, aparte de Moscú". Esta reputación se forjó a través de hitos como la Revolución de los Sastres de 1830 y las barricadas de 1848, año en que se fundó la Hermandad General de Trabajadores durante la Revolución de Marzo.
El historiador Axel Weipert, autor de "Berlín Rojo" (2019), señala que el crecimiento industrial de finales del siglo XIX transformó la cultura política local, alejándola de las élites liberales hacia una mayor inclusión de la clase trabajadora. A pesar de las leyes antisocialistas promulgadas por Otto von Bismarck, las ideas de Karl Marx y Friedrich Engels arraigaron profundamente. El Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), fundado en 1875, alcanzó en Berlín niveles de apoyo electoral superiores a los del resto del país antes de la Primera Guerra Mundial.
El conflicto bélico marcó un punto de inflexión. En 1916, Berlín se convirtió en epicentro de huelgas contra la guerra, lideradas por figuras como Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, fundadores de la Liga Espartaquista. Tras el derrocamiento del káiser el 9 de noviembre de 1918, el Levantamiento Espartaquista de 1919 buscó establecer una república de consejos obreros, resultando en una represión violenta y el asesinato de sus líderes, lo que fracturó a la izquierda alemana.
Durante la República de Weimar, barrios como Wedding, Kreuzberg y Neukölln fueron focos de agitación. El "Mayo Sangriento" de 1929, que dejó más de 30 muertos tras enfrentamientos entre la policía y manifestantes, ilustró la tensión social. Con la Gran Depresión, el desempleo masivo debilitó los lazos sindicales, empujando a muchos trabajadores hacia el Partido Comunista de Alemania (KPD) o grupos paramilitares de extrema derecha.
Tras la Segunda Guerra Mundial y la división de la ciudad, el Berlín Occidental se convirtió en un centro de activismo estudiantil en la década de 1960. El asesinato de Benno Ohnesorg en 1967 fue un catalizador para las protestas de 1968. Posteriormente, en los años 70, la escasez de vivienda impulsó la ocupación de edificios, una lucha que, según el historiador Ralf Hoffrogge, persiste hoy frente a la gentrificación. En 2021, el 59% de los votantes berlineses apoyó la expropiación de grandes empresas inmobiliarias, reflejando un renovado interés en conceptos políticos basados en la clase social.


