El escenario político de América Latina atraviesa un periodo de cambios profundos, donde la ultraderecha ha consolidado su presencia mediante estrategias que combinan la tecnología y el discurso religioso. Según el análisis de Bernardo Barranco V., Brasil se posiciona actualmente como el laboratorio electoral clave de la región, con implicaciones directas para el equilibrio de poder en el continente. La influencia de la ultraderecha, impulsada por el contexto del segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos, se manifiesta a través de presiones diplomáticas, aranceles y apoyos financieros, como el préstamo de 25 mil millones de dólares otorgado a la Argentina de Javier Milei por parte de la Casa Blanca.
La manipulación digital ha jugado un papel determinante en procesos electorales de países como Chile, Perú, Bolivia y Colombia. El uso de plataformas digitales, granjas de bots y algoritmos ha permitido la creación de falsas percepciones y la implementación de lo que se denomina 'guerras cognitivas'. La reciente captura de Fernando Cerimedo en Bolivia ha expuesto estas redes de manipulación que buscan capturar la conciencia ciudadana.
Un factor central en este fenómeno es el empoderamiento de sectores ultraconservadores que buscan colocar a Dios en el centro de la política. Este proceso se ha visto facilitado por la laicidad constitucional y la libertad religiosa. Un ejemplo citado es el del mandatario colombiano, Abelardo de la Espriella, quien durante su toma de posesión exclamó “¡Viva Cristo Rey!”, evocando la guerra cristera en México que dejó más de 200 mil vidas perdidas, y posteriormente integró a pastores evangélicos en puestos clave.
El perfil religioso regional ha cambiado drásticamente en los últimos 50 años, con una caída del catolicismo y un ascenso de iglesias evangélicas, principalmente pentecostales y neopentecostales. En Brasil, país con 214 millones de habitantes, se estima que hay 56 millones de evangélicos, lo que representa cerca del 27 por ciento de la población. Aunque no todos los evangélicos apoyan a Bolsonaro, la estrategia de Lula ha sido buscar su respaldo. No obstante, una encuesta del Instituto de Estudos da Religião (ISER) revela que, si bien el 90 por ciento de los brasileños se opone a las campañas electorales dentro de los templos, las recomendaciones de voto siguen existiendo de manera informal.
La instrumentalización de la fe para legitimar proyectos políticos regresivos representa, según el análisis, un riesgo para la democracia, al utilizar la religión como un instrumento de disputa política que revive antiguos fantasmas como el anticomunismo.


