BERLÍN, Alemania. — La extrema derecha ha vuelto a sacudir el panorama político alemán. Tras el triunfo de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt con el 44% de los votos, la formación volvió a imponerse el 20 de septiembre en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, obteniendo el 38% de los sufragios. Estos resultados han dejado a la Unión Demócrata Cristiana (CDU), partido del canciller Friedrich Merz, fuera del parlamento regional por primera vez en su historia, tras cosechar apenas el 4,9% de los votos.
En Berlín, el escenario mostró una tendencia distinta: el partido poscomunista Die Linke fue el más votado con el 25%, seguido por la CDU con el 19% y la AfD con el 16%. A pesar de ser señalada por los servicios de inteligencia alemanes como una amenaza para la democracia y una formación de extrema derecha, la AfD ha encontrado en el este del país un bastión electoral sólido.
Expertos como el politólogo Manès Weisskircher, de la Universidad Técnica de Dresde, señalan que muchos alemanes del este se perciben como "ciudadanos de segunda clase". Rolf Frankenberger, director de Investigación del Instituto para el Estudio del Extremismo de Derecha de la Universidad de Turingia, añade que la reunificación generó desigualdades profundas, con trabajadores orientales ganando en promedio un 17% menos que sus pares occidentales. Esta disparidad económica, sumada a la desindustrialización tras el cierre de unas 3,700 empresas públicas de la era comunista, ha alimentado el escepticismo hacia el Estado.
El análisis histórico también juega un papel relevante. El profesor Magnus Brechtken, del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich, sugiere un anhelo tradicional por soluciones autoritarias, mientras que Claire Burchett, del King's College de Londres, recuerda que regiones como Sajonia-Anhalt fueron bastiones nazis en la década de 1930. Asimismo, la falta de una "desnazificación" profunda en la RDA y la debilidad de las organizaciones de la sociedad civil tras 1990 han facilitado el terreno para fuerzas extremistas.
Aunque la inmigración es una preocupación central para los votantes de AfD, resulta paradójico que su éxito sea mayor en regiones donde la población extranjera es menor, representando cerca del 8% frente al 16% en los estados occidentales. Finalmente, la capacidad de AfD para fomentar un sentido de comunidad y el uso estratégico de redes sociales han sido claves para captar a un electorado desencantado con los partidos tradicionales.


