El análisis de la estructura económica en México permite observar cómo la distribución del ingreso nacional entre el capital y el trabajo ha sido un factor determinante en la estabilidad social del país. Tras la institucionalización de la Revolución, el trabajo apenas retenía cerca del 10 por ciento de la riqueza, una desproporción que marcó el inicio de un proceso de rectificación histórica. Durante el periodo del desarrollo estabilizador, caracterizado por un crecimiento económico promedio anual del 6 por ciento, la participación del trabajo ascendió gradualmente hasta alcanzar el 30 por ciento hacia finales de los años 70, consolidando avances en salud, educación y vivienda.
Sin embargo, la implementación del modelo neoliberal a partir de la década de los 80 marcó un punto de inflexión negativo. El reparto del ingreso, que se situaba en una proporción cercana al 60/40 por ciento, se transformó hacia un 80/20 por ciento, lo que representó una transferencia masiva de riqueza del sector laboral al capital. Este periodo, que incluyó el proceso electoral de finales de los años 80 con la llegada de Carlos Salinas de Gortari, estuvo acompañado por un incremento en el índice de Gini y una creciente precariedad salarial.
A partir de 2018, se ha registrado una recomposición en la política económica y social. Según los datos expuestos, la apropiación de la riqueza por parte del factor trabajo ha mostrado un incremento, pasando de una proporción de 73/27 por ciento a 69/31 por ciento. Este cambio es presentado como parte de una tendencia orientada a la recuperación del bienestar colectivo y la legitimidad gubernamental, subrayando la importancia de mantener políticas enfocadas en la equidad para la estabilidad del país.


