Las denominaciones geográficas poseen una carga política innegable. Desde las propuestas de Donald Trump para renombrar el Golfo de México o el estrecho de Ormuz, hasta la iniciativa de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, de cambiar el nombre al Paso de Cortés, los nombres en los mapas son herramientas de interpretación y configuración de la realidad. Mientras algunos cambios, como el paso de Nueva Ámsterdam a Nueva York, se normalizan con el tiempo, otros como el de las Islas Malvinas (Falkland Islands para los británicos) permanecen como símbolos de conflicto.
Historiadores como el argentino Marcelo Gullo y el mexicano Mauricio Tenorio-Trillo han cuestionado el origen del término 'América Latina'. Este fue impulsado en el siglo XIX por Francia, bajo el Segundo Imperio de Napoleón III, como una estrategia para expandir su influencia en la región, en un contexto que incluyó la intervención militar en México en 1861 junto a España y el Reino Unido. En aquel periodo, Estados Unidos ya había consolidado su control sobre territorios como Texas, California, Nevada, Utah, Arizona y Nuevo México.
El primer uso documentado del término se atribuye al escritor colombiano José María Torres Caicedo en su poema 'Las dos Américas', publicado en París en 1857. Posteriormente, en 1861, publicó el panfleto 'Bases para la formación de una Liga Latino Americana'. El historiador José Manuel Azcona, de la Universidad Rey Juan Carlos, sostiene que este término fue creado con un rechazo hacia España y que ha sido utilizado por adversarios políticos para minimizar la herencia española en el continente, abogando por el uso de 'Hispanoamérica' o 'Iberoamérica'.
Por su parte, Mauricio Tenorio-Trillo, investigador de la Universidad de Chicago y autor de 'Latin America. The Allure and Power of an Idea', señala que el concepto se institucionalizó en ámbitos académicos y gubernamentales, como en el Departamento de Estado de Estados Unidos. Tenorio argumenta que la identidad 'latinoamericana' es una construcción que se manifiesta principalmente en el exterior, especialmente en Estados Unidos o España, y no en la vida cotidiana de los habitantes de la región. Asimismo, menciona que movimientos indigenistas han propuesto el término 'Abya Yala' para referirse al subcontinente, buscando una alternativa a la herencia colonial.
Aunque el debate sobre la precisión terminológica persiste, el uso de 'América Latina' se mantiene como el más extendido. La discusión actual invita a reflexionar no solo sobre cómo nombramos a la región, sino sobre la historia y las intenciones que cada término conlleva.


