El Gobierno alemán ha anunciado una postura más firme contra la flota fantasma de Rusia, una serie de embarcaciones que, según expertos, no solo transportan mercancías, sino que están vinculadas a actividades híbridas como espionaje, sabotaje y posibles ataques con drones. Julian Pavlak, experto en seguridad marítima del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) en Berlín, señaló que identificar estos buques ilegales es complejo, ya que el transporte marítimo en sí mismo no es ilícito, pero advirtió sobre su papel en las disrupciones actuales.
Sara Nanni, experta en política de seguridad de Los Verdes, ha criticado la inacción del Ejecutivo alemán, argumentando que Rusia financia su guerra contra Ucrania a través de esta flota. Nanni sostiene que la falta de medidas contundentes es una decisión política errónea, contrastando la postura alemana con la de países como Finlandia, Gran Bretaña, Francia y Suecia, que ya realizan inspecciones rigurosas.
El caso de Finlandia destaca como referente: a finales de 2024, tras el daño al cable submarino Estlink 2 causado por el petrolero Eagle S., la guardia fronteriza confiscó la nave. Sönke Marahrens, de la Universidad de Kiel, elogió esta estrategia por enviar un mensaje claro de disuasión. Por su parte, Johannes Peters, del Instituto de Política de Seguridad de Kiel, asegura que la retórica rusa sobre una 'guerra real' no se ha traducido en una escalada, y que los petroleros con cargamentos valiosos están evitando aguas suecas ante el aumento de los controles.
No obstante, las inspecciones conllevan riesgos. En mayo de 2025, Estonia intentó detener al petrolero Jaguar, pero desistió tras el despliegue de un avión de combate ruso. A pesar de estos desafíos, los expertos coinciden en que aumentar los controles es una estrategia efectiva para sobrecargar a Rusia con riesgos e incertidumbres, incrementando sus costos operativos y reduciendo los ingresos vitales para su economía de guerra.


