La integración de paneles solares en tierras agrícolas, conocida como agrivoltaica, está transformando el paisaje rural. En aproximadamente uno de cada diez parques solares de Estados Unidos, el pastoreo de ovejas bajo las estructuras se ha convertido en una práctica común que beneficia tanto a la ganadería como a la producción eléctrica. Según expertos, los paneles funcionan mejor en entornos más frescos, y la transpiración de las plantas ayuda a reducir la temperatura del suelo, aumentando la eficiencia de los paneles en comparación con superficies de concreto.
Carl Bernacchi, profesor de Biología Vegetal y Ciencias de los Cultivos de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, explica que la presencia de vegetación que transpira y enfría la superficie mejora significativamente el rendimiento energético. A pesar de su potencial, la adopción global sigue siendo incipiente: a mediados de 2025, la agrivoltaica representaba apenas 18,4 gigavatios de energía, menos del 1 % de la capacidad solar mundial.
El concepto tiene sus raíces en 1981, con la publicación del artículo 'Kartoffeln unter dem Kollektor' ('Papas bajo el colector') por científicos alemanes, aunque el primer proyecto piloto se materializó en 2004 en Japón. Actualmente, existen tres modalidades: horizontal, vertical e integrada en invernaderos. Los cultivos que mejor se adaptan incluyen bayas, uvas, tomates, duraznos y pimientos, los cuales aprovechan la sombra y la protección contra condiciones meteorológicas extremas.
Para la industria ovina, este modelo representa un cambio de paradigma económico. Kinzer señala que, en lugar de pagar por el alquiler de tierras para el pastoreo, los ganaderos ahora reciben pagos por realizar esta labor en parques solares, lo que brinda un respiro financiero a un sector que ha enfrentado dificultades desde la Segunda Guerra Mundial. Además, esta práctica permite a los agricultores diversificar sus ingresos, protegiéndolos ante temporadas de cosechas fallidas por el cambio climático.


