Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, conocidos como el 11S, se mantienen como uno de los eventos más devastadores de la historia moderna. En aquella jornada, la red terrorista Al Qaeda secuestró cuatro aviones comerciales: dos impactaron contra las Torres Gemelas en Nueva York, uno contra el Pentágono en Washington D. C. y un cuarto, que tenía como objetivo el Capitolio, se estrelló en Pensilvania tras la intervención de los pasajeros. El saldo fue de casi 3,000 personas fallecidas y miles de heridos.
El historiador Claus Oberhauser señala que el 11S funcionó como un punto de inflexión que transformó los debates sociales globales y las políticas de seguridad. A pesar de la contundencia de los hechos, el investigador Daniel Jolley, de la Universidad de Nottingham, advierte que la incertidumbre inherente a eventos de tal magnitud facilita la proliferación de teorías conspirativas, impulsadas por la desconfianza hacia las instituciones.
Una encuesta de YouGov de 2023 reveló que uno de cada cinco estadounidenses sostiene la creencia de que el Gobierno de EE. UU. estuvo involucrado en los atentados. Estas narrativas suelen ignorar los informes técnicos de instituciones como el National Institutes of Standards and Technology (NIST), el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y la consultora Weidlinger Associates, los cuales confirmaron que el colapso de las Torres Gemelas fue consecuencia directa de los incendios provocados por el impacto de las aeronaves, descartando la hipótesis de explosiones controladas.
Los expertos explican que estas teorías florecen cuando las personas buscan respuestas ante vacíos de información, intentando recuperar una sensación de control frente al miedo. Sin embargo, este fenómeno resulta problemático al fomentar la desconfianza social, mezclar desinformación con hechos y, en casos extremos, alimentar prejuicios como el antisemitismo, la homofobia y otras formas de discriminación.
Ante esta situación, organizaciones como la Fundación Amadeu Antonio y el Centro Federal de Educación Cívica recomiendan mantener un diálogo de igual a igual, fomentar la búsqueda conjunta de información verificada y posicionarse firmemente contra posturas extremistas. La recomendación central de los especialistas es que la sociedad recupere la confianza en la ciencia y en los hechos comprobables.


