Veinticinco años después de los ataques terroristas del 11 de septiembre, la estructura de Al Qaeda presenta un panorama radicalmente distinto al de inicios del siglo XXI. Si bien su núcleo central se ha debilitado, la organización ha logrado sobrevivir mediante una estrategia de descentralización y arraigo en territorios con instituciones estatales frágiles.
Un movimiento reciente en la política exterior estadounidense ilustra este cambio: a finales de agosto de 2026, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos eliminó al antiguo predicador yihadista Abdullah al Muhaysini de la lista SDN (Nacionales con Designación Especial) de la OFAC. Al Muhaysini, quien fungió como asesor religioso del Frente Al Nusra —rama siria de Al Qaeda— y fue clave en el reclutamiento de combatientes, ya no enfrenta la congelación de activos en territorio estadounidense. Asimismo, el grupo Hayat Tahrir al Sham (HTS), anteriormente conocido como Al Nusra, también fue excluido de dicha lista, una decisión vinculada a la nueva política de Washington hacia Siria.
El islamólogo Rüdiger Lohlker advierte que es necesario abandonar la visión eurocéntrica para comprender la evolución del grupo. Actualmente, la influencia de Al Qaeda se manifiesta a través de filiales regionales operativamente fuertes. En el Sahel, la alianza Jamaat Nusrat al Islam wal Muslimin (JNIM) se ha consolidado como una fuerza relevante, mientras que Al Shabaab mantiene una presencia significativa en Somalia. De igual forma, Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) continúa activa en Yemen y Afganistán sigue siendo un refugio para la organización.
Lars Berger, profesor de estudios sobre terrorismo en la Universidad Federal de Ciencias Aplicadas de Alemania, sostiene que los atentados del 11-S fueron un fracaso estratégico para la organización, al no lograr la radicalización del mundo árabe ni la caída de los regímenes regionales. Tras la muerte de Osama bin Laden en mayo de 2011, el grupo optó por un "giro estratégico": abandonar los ataques espectaculares contra el "enemigo lejano" para enfocarse en la "localización", ganando influencia dentro de comunidades y controlando territorios específicos.
Por su parte, Behnam Heidenreuter-Said, experto en terrorismo de la Academia de Policía de Hamburgo, señala que, aunque la marca de Al Qaeda ha perdido atractivo en Europa, su capacidad de movilización persiste en Estados con conflictos locales sin resolver. "Todos coinciden en que hoy en día hay poca información sobre Al Qaeda. Simplemente no se sabe qué está haciendo en este momento", afirma Heidenreuter-Said. El futuro de la organización parece orientado a consolidarse no solo como un grupo terrorista, sino como un actor político y militar duradero en regiones con escasa presencia estatal.


